Huellas

Catedral de Murcia. Exposición 2002
Un hito en la historia de las exposiciones de la Región
La Catedral de Murcia, convertida en un fantástico templo de las maravillas, albergó unas 400 obras de incalculable valor, de las que más de un centenar fueron especialmente restauradas para la ocasión.
La Fundación Cajamurcia siempre ha intentado dar un paso más y no quedarse en la mera restauración del patrimonio. En el caso de los edificios, ha procurado que la sociedad pueda disfrutarlos y hacer un uso público de ellos, como ocurre con el Monasterio de Santa Clara, que se convirtió, en parte, en Centro Cultural y sede de la Fundación, además de un Museo. En cuanto a obras de arte se refiere, ha impulsado su puesta en valor y difusión a través de grandes exposiciones como la del Belén de Salzillo, en el Palacio Real de Madrid y en la Ciudad del Vaticano, o la de Huellas.
Esta última, celebrada en la Catedral de Murcia en 2002, es uno de los mejores ejemplos de ese “paso más”, aglutinando asimismo la mayor parte de los objetivos que persigue la Fundación Cajamurcia. Además de acometer tareas de rehabilitación del templo y de restauración de las obras de arte, la magna muestra dio a conocer al mundo nuestra historia y patrimonio común como parte esencial de los cimientos que han hecho posible el progreso de la Región.
Fue una exposición que asombró a todos cuantos la visitaron. Y no sólo a los foráneos, sino también a los propios murcianos, que encontraron una oportunidad única para sentirse orgullosos de pertenecer a una tierra con un legado cultural que nada tiene que envidiar al de otras comunidades de renombre internacional. Así se vio cumplido uno de los retos de este proyecto expositivo: que los murcianos valoren y aprecien en su justa medida el rico legado cultural de esta tierra. Una tarea fácil si se tiene en cuenta que la exposición presentó argumentos de peso para demostrar que somos poseedores de un patrimonio artístico inigualable.
2.000 años de historia
Huellas fue uno de los proyectos más ambiciosos que ha acometido la Fundación, en cuanto a medios humanos y técnicos se refiere y por la magnitud de la propia muestra, que marcó un antes y un después en la forma de entender el proceso expositivo, con un original hilo conductor que presentaba todas las piezas de forma coherente y atractiva a la vez. Para ello, fundamentaba su discurso en la portada occidental de la Catedral de Murcia, génesis de todo el argumento y considerada por los expertos como una de las más bellas páginas escritas en piedra durante el siglo XVIII español.
El rico repertorio escultural del imafronte de la Catedral sirvió de puente para narrar 2.000 años de historia de la Región, desde el surgimiento del cristianismo hasta mediados del siglo XIX. Todo ello abarcando una doble configuración, la eclesiástica propiamente dicha —Diócesis de Cartagena— y la política —Reino de Murcia—, motivo por el que albergó obras de arte tanto de carácter sacro como civil, procedentes de toda España y del extranjero —Rusia, Italia o Austria—.
“Huellas” planteó un paseo fascinante por el pasado, con unos itinerarios marcados por hitos históricos como la evangelización y la tradición santiaguista, la época musulmana, la restauración de la vieja diócesis hispano-romana, los albores de la modernidad o el Siglo de Oro.
La Catedral como cámara de las maravillas
En una Catedral renovada, “contemplar el desarrollo de la historia prendido de las piedras de este singular templo fue una de las sorpresas producidas por la muestra, un nuevo concepto de exposición en que lo local alcanzaba rango universal por medio de obras de arte que permitían al visitante recorrer un marco monumental concebido como un objeto expositivo más. Los recorridos se dirigían a unos objetos cuya contemplación evocaba las cámaras de las maravillas, repartidos en los espacios catedralicios teniendo en cuenta los significados de sus muros, bóvedas y ornamentadas rejas y capillas”, contó en su momento el comisario de la muestra, el catedrático de Historia del Arte Cristóbal Belda.
120 obras de arte restauradas
La importancia de la exposición trascendió de la misma muestra, ya que muchas de las piezas que se contemplaron —unas 120 obras de arte sacro de la Región— fueron restauradas especialmente para la ocasión, lo que permitió que, una vez finalizada Huellas, esos objetos históricos se reintegraran a sus lugares de origen en estado óptimo de conservación. Ese laborioso y exhaustivo trabajo fue realizado magistralmente por más de cuarenta profesionales y componentes del centro de Conservación y Restauración de Verónicas de la Consejería de Cultura.
Con el propósito de mostrar esa “cámara de las maravillas” en todo su esplendor, también se rehabilitó buena parte de la Catedral de Murcia, bajo la dirección del arquitecto Juan Antonio Molina. La recuperación del coro renacentista, donado por Isabel II, la decoración interior de la Capilla de los Vélez o la policromía de las rejas, con sus dorados y verdes en barrotes y cresterías, fueron algunas de las muchas mejoras realizadas en el templo.
Cifras récords
Inaugurada por SS. MM. los Reyes de España Don Juan Carlos I y Doña Sofía, Huellas supone un hito inolvidable en la historia de las actividades culturales de la Región, a la que consiguió impulsar como destino cultural de primer orden. Durante seis meses, del 22 de enero al 22 de julio de 2002, fue visitada por cerca de 600.000 personas, de las que casi la mitad procedía de fuera de nuestras fronteras regionales, tanto de España como del extranjero. Entre los visitantes se encontraban las más altas autoridades del Estado, así como ilustres representantes de la cultura y la sociedad española.
La media diaria de visitantes superaba los 3.800, muchos de ellos escolares y grupos en visitas guiadas, de las que hicieron uso un 21% de los asistentes a la muestra. Esos grupos fueron atendidos por un equipo de veinticinco guías titulados, que ofrecían la opción de realizar la visita en cinco idiomas diferentes.
Una excelente coordinación —que incluía oficinas de información en distintos puntos de la ciudad— permitía al visitante conseguir sus entradas con antelación, evitando así las esperas para acceder al recinto catedralicio, al tiempo que reducía las posibles aglomeraciones en el interior que pudieran dificultar el disfrute de las obras expuestas. El éxito fue tal que se tuvo que ampliar el horario de visita a la exposición, llegando incluso a permanecer abierta los fines de semana, de forma ininterrumpida, de 9:30 a 21:00 horas.
Otro dato para el recuerdo fue la impresión de 8.000 catálogos —algunos de ellos en edición de lujo—, en los que se podía contemplar al detalle la riqueza de las piezas exhibidas gracias a las excelentes fotografías de Pablo Almansa y a los textos de reconocidos expertos en la materia. Al magnífico catálogo se sumó, meses después, la publicación del libro Mirabilia, con imágenes de la propia muestra que permiten al lector recrearse en la belleza de lo expuesto y en la satisfacción que produce su contemplación.
La Fundación realizó un gran esfuerzo para acometer la organización de “Huellas”. Una gestión que fue avalada por la crítica y por las 600.000 personas que visitaron la muestra, entre ellas, las más altas autoridades del Estado.